LAS PRINCESAS DEL PARAÍSO

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¡Las princesas del paraíso brillan!
A veces por su pelo,
A veces por su mirada,
A veces por su voz,
A veces por la sonrisa,
Otras por el consuelo,
Por el empuje,
También por la garra,
Por la terquedad,
Por a valentía,
Por la lágrima, la insistencia y vocecita interna que dice: “no me voy a dejar”
 
Las princesas del paraíso tienen un mundo interior. Lo viven, lo sienten, lo respiran. No es un ideal, en su interior es una realidad. Lo que a veces parece «imposible», para ellas es una certeza.
 
En ese mundo pueden ser heroínas, pueden ser amadas, pueden ser merecedoras, ser aceptadas. Se pueden conocer a sí mismas y amar cada parte de su ser.
 
Son amables, muy amables, queribles y respetables; tanto que pueden soñar en libertad. Sus corazones pueden volar, sus voces se pueden escuchar. Desde lo más bajo, desde lo más suave, sin necesidad de enducerecerse, sin necesidad de gritar, sin apretar los dientes de la impotencia… Las princesas pueden brillar.
 
Pero para poder construir ese paraíso en el mundo real les tocará luchar.  Defenderse de ella misma, mirarlo de frente y abrirle paso si quiere que su visión sea su realidad.
 
Las princesas nos reconocemos. Cada una con su camino, que a veces han sido tan complicados que nos distanciamos. Otras vamos sanando y en las heridas nos apoyamos. A veces es tanto miedo y tanto dolor que nos enmascaramos.
 
Princesa, yo te entiendo la armadura. Yo te comprendo y te compro ese diseño, el mecanismo, pero no es nuestro destino. No vale la pena que lo sigamos tapando. Princesa, no es necesario… A veces mendigando amor nos hacemos más daño.
 
Tu brillo interior sigue intacto, solo tenemos que volver a conocernos, recuperarnos, volver a recoger los pedazos

«¡Mariana! Pero ¿hasta cuándo?»

Princesa, las veces que sean necesarias. No hay nada más importante en la agenda que levantarnos. Princesas, vamos paso a paso. Si una se queda atrás, la acompañamos, no la forzamos. A veces es preferible escuchar y callarnos.  
 
Te voy a decir algo. Te pido por favor, que lo leas despacio:

Princesa, eres muy amada. Fuiste pensada desde el principio en cada detalle, lo que admiras en otros es parte de tu diseño propio.
Princesa, jamás hemos estado solas, solo que no nos dimos cuenta. Estamos tan distraídas con las inseguridades que no notamos la compañía de nadie.
 
La fuerza del amor nos traerá de vuelta.
 
Princesa, también vengo del paraíso. Me lo recordaron hace algunos años. Yo en mi mundo volaba muy alto, y luego llegaron las tempestades que me originaron muchísimos miedos. Con el paso del tiempo, solté las alas y me decidí por una armadura de hierro. Decidí aferrarme al suelo. Eché tierra a mis más profundos anhelos.
 
Hasta que, en tanto desierto, me hablaron en el silencio. Fue un torrente de agua en sequía. El abrazo más cálido y más importante de mi vida. Me dijeron: «¡Hola! YO SOY el amado que puso el anhelo del amor en tu corazón. Soy el culpable que necesites dar y recibir amor, aunque estes buscando en los lugares que no son. Yo te amo, y estaré contigo todos los días hasta el fin del mundo». Mi corazón revivió y lo siguió.
 
De eso hace 10 años. No me arrepiento y es una relación que trabajamos a diario. Hay días de días, vamos poco a poco, pedazo a pedazo. Siempre me tropezaré y me seguirá levantando.
 
Desde ese día no he sido la misma. Todo convive, el cambio es constante, pero me levanto todos los días con una gran noticia: mis más profundos anhelos no son mentira. Quiero aprender a amar de verdad, aunque entiendo que es un reto de valentía.
 
Somos un equipo, no estamos solas, no todo depende de nosotras y tenemos alguien que nos cuida. Princesas, nosotras florecemos cuando nos sentimos amadas y protegidas. Yo a mi amado Jesús le recibo su amor y le debo mi vida. Me enseña a ser yo misma, con menos reacción desde mis heridas. Aprendiendo a amar todos los días.
 
Princesa, las necesidades del alma y las medicinas son distintas y no discriminan. Encuentra tu camino, levántate y cáete hasta volver a encontrar a esa niña. Es tu responsabilidad sanarla para que tome sus alas y vuele como la princesa que fue diseñada y concebida.
 
Princesas, somos luz y sombra. Somos una maravilla. Las amo y admiro profundamente. ¡FELICIDADES EN SU DÍA! Sé que nos encontraremos y nos veremos en cada esquina…
 
EME

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